Cuando las palabras ya no me salgan
Wednesday, October 5th, 2005Hoy trato de la frustración, pues soy ese tipo de hombre que se hace frustrado muy facilmente. De no haber probado ni drogas ni sexo ni nada horrorosamente bruto, yo sólo tengo este blog como lugar a donde echo mis frustraciones esperando que alguien se compadezca de mí. Te detengo, pues, como esclavo de la palabra escrita y si sabes el castellano, has de leerme.
¿La sentiste tú una vez? ¿Sufriste tú de esa rara sensación de inutilidad, futilidad, vergüenza y tontería? Yo siempre. Y ello lo odio mucho.
Odio que no tuve nada profundo de decir a esos funcionarios en la oficina de mi papá y la respuesta ha sido el sonreír y el fingirme interesado.
Odio que hasta hoy no conozco la ciudad de Manila y para irme a Padre Faura, dije al conductor del jeepney que me trajera "sa may banda r’yan."
Odio que tartamudeé delante de la señora en el Ministerio de Turismo donde se me dio un certificado para mi viaje a España.
Odio que siempre hacía mucho calor y sudaba a demonio y tomé un LRT atiborrado y estaba para morirme después. Si fuera más flaco…
Odio que no pude hablar en español con bastante facilidad con mis majas amigas y sólo pude chapurrear un poco de lo que parecía un horrible tipo del castellano.
Odio que no usé la conjugación correcta del verbo conducir en el preterito indefinido, después de casi cinco de ponerla correctamente en varios exámenes.
Es una enfermedad crónica, de verdad. Cuando yo era niño, se consideraba que los tímidos eran los más débiles de la pandilla. Todo el mundo teníamos que hacer esfuerzos para ser el más inteligente, el más activo, el más fuerte, el más cómico, etc. Y esto — creo — es la historia de la niñez de todos los jóvenes de mi generación y de los de las anteriores: Hemos crecido en un ambiente supercompetitivo y cuando ya nos demos cuenta de que así todo es absurdo, nos encontraremos metidos en lío. Lo peor es que ya es díficil soltarnos y la única salida es ahogarnos en la frustración.
Me consuela por lo menos que no tengo nunca jamás esa tendencia de suicidarme, que tengo este medio de ventilarme la frustración. Pero aparte de ese consuelo, ya no tengo más y me espanta ese día cuando aun las palabras ya completamente no me salgan.